Estás embarazada y de repente todo te remueve (también eso que creías superado)

Un día descubres que estás embarazada y, de repente, todo el mundo parece tener bastante claro cómo deberías sentirte: feliz, emocionada, conectada con tu bebé, agradecida por los cambios de tu cuerpo y disfrutando de “cada momento porque pasa volando”. Y mientras tanto, en tu cabeza no dejas de preguntarte: ¿se supone que tendría que estar sintiendo todo eso ya?

Porque puedes estar contenta y tener miedo. Haber deseado muchísimo este embarazo y echar de menos tu vida anterior. Mirarte al espejo y no reconocerte del todo. O no sentir todavía ese vínculo maravilloso con un o una bebé al que otras personas ya llaman “el amor de tu vida”. Y cuando lo que estás sintiendo se aleja demasiado de lo que imaginabas que ibas a sentir, aparece con bastante facilidad la culpa, porque no sólo estás viviendo un embarazo: también estás comparando constantemente tu experiencia real con una idea previa de cómo creías que iba a ser.

Además, hay otra cosa de la que quizá nadie te había hablado: el embarazo también abre cajones. En Psicología Perinatal hablamos de transparencia psíquica para describir cómo durante esta etapa pueden aparecer con una intensidad especial recuerdos, emociones o experiencias que parecían bastante más colocadas. Puede removerse la relación con tu madre, cómo fuiste cuidada, tu propia infancia, pérdidas gestacionales o de personas queridas, tu relación con el cuerpo o miedos que pensabas que ya habías dejado atrás.

Y tiene bastante sentido, porque mientras empiezas a preguntarte qué madre quieres ser, inevitablemente pueden aparecer preguntas sobre qué hija fuiste, cómo te cuidaron, qué recibiste, qué echaste de menos y qué cosas de tu propia historia no quieres repetir. Eso no significa que estés peor ni que haya algo que solucionar urgentemente, significa que estás atravesando una transición vital enorme y que, mientras empiezas a imaginar quién vas a ser como madre, también estás recolocando partes de la mujer que has sido hasta ahora.

Y ahí aparece otra cuestión importante: una cosa es desear ser madre y otra muy distinta encajar perfectamente en todo lo que socialmente parece venir incluido en el paquete de “ser una buena madre”. Porque el embarazo también puede hacerte preguntarte qué va a pasar con tu trabajo, con tu independencia, con tu cuerpo, con tu relación de pareja, con tu tiempo o con todas esas otras partes de ti que siguen existiendo aunque ahora todo el mundo parezca especialmente interesado en tu barriga.

La maternidad sigue presentándose como algo que debería completarnos, realizarnos e incluso reforzar automáticamente nuestra relación de pareja mientras en muchos casos sentimos algo bastante menos ordenado, sentimos que todo se está moviendo a la vez y en direcciones que no imaginábamos. 

Y cuando todo se mueve, necesitaríamos poder pedir más apoyo, sin embargo, muchas veces sucede exactamente lo contrario, muchas mujeres durante el embarazo empiezan a callarse cosas para no discutir, dejan pasar comentarios familiares que les han dolido, no dicen que necesitan más atención o evitan decirle a su pareja algo tan sencillo como “necesito que estés más conmigo”. Como si además de gestar tuvieras que procurar que tus necesidades ocuparan poco espacio.

Y quizá parte del acompañamiento durante el embarazo tenga que ver precisamente con recuperar el permiso para necesitar, para reconocer que algo te duele, para dejar de intentar ser esa embarazada tranquila, agradecida y razonable que nunca incomoda a nadie, porque también puede ocurrir que estés preocupada por no sentir suficiente conexión con tu bebé.

Hay mujeres que hablan con su barriga desde el test positivo y otras para quienes el embarazo sigue siendo bastante abstracto durante meses. Algunas sienten una conexión intensísima desde el principio y otras necesitan tiempo, notar los movimientos, verle la cara o incluso tener a su bebé delante. No hay una única manera correcta de vincularse durante el embarazo, y sentir menos conexión de la que esperabas no dice cuánto vas a querer después a tu hijo o hija.

Tampoco tienes que disfrutar necesariamente de todos los cambios de tu cuerpo. Puedes alegrarte muchísimo por el embarazo y llevar fatal no reconocerte físicamente. Puedes tener ganas de conocer a tu bebé y echar de menos quién eras antes. Puedes desear ser madre y sentir miedo por todo lo que vas a perder, cambiar o transformar. La ambivalencia no es lo contrario del amor.

El problema es que para poder escuchar todas esas emociones primero tienes que conseguir oírte entre bastante ruido. Porque quedarse embarazada tiene otra particularidad curiosa: tu cuerpo parece convertirse ligeramente en patrimonio público (“Qué barriga tan pequeña», “has engordado mucho”, “disfruta ahora, que luego no dormirás”, “lo que tienes que hacer es…”) y , de repente, personas que quizá jamás te habían preguntado por tu salud tienen opiniones bastante firmes sobre tu cuerpo, tu parto, tu alimentación, y probablemente también sobre cómo deberías criar a una criatura que todavía ni siquiera ha nacido.

Todo eso puede hacer todavía más difícil distinguir qué quieres tú de todo aquello que llevas meses escuchando que deberías querer y por eso tampoco hace falta estar completamente desbordada para buscar acompañamiento durante el embarazo.

Un espacio de Terapia Feminista Perinatal puede ayudarte a poner palabras a todo esto antes de llegar al límite, entender qué necesitas y fortalecer los apoyos que tienes alrededor. No garantiza que no aparezcan dificultades emocionales después, pero sí puede ayudar a detectarlas y acompañarlas antes.

Porque quizá durante el embarazo no necesites disfrutar de cada minuto ni sentirte como se supone que deberías sentirte, quizá necesites simplemente poder vivirlo como realmente lo estás viviendo, sin culpa, y hacer espacio para la mujer que ya eres mientras descubres qué madre quieres ser.