La maternidad y sus «todo lo demás»: algunas reflexiones desde mi experiencia

Desde que fui madre no paro de preguntarme cosas. El mayor de los misterios, para mí, es cómo narices hicieron nuestras madres y abuelas para criar solas. No hablo de lo operativo, la fuerza a las mujeres se nos presupone, llevamos siglos sosteniendo la vida: caminando al río para lavar la ropa, dejando la escuela para cuidar de hermanos pequeños, reduciendo jornadas para encargarnos de hijas, abuelas, casas… y de todo lo necesario para que otros puedan salir al mundo a tiempo y recibir sus halagos. Me pregunto otra cosa. ¿cómo hicieron para no sentirse solas? O, mejor dicho, cómo sostuvieron esa soledad. Cómo no enfermaron más. Cómo no se rompieron del todo. Cómo siguieron en un mundo que sabían injusto, pero que no podían cambiar, porque “así eran las cosas”

Pienso en esto especialmente ahora que, al convertirme en madre, algunas personas han ido desapareciendo de mi vida. Ahora que ya no estoy tan disponible, que ya no escribo tanto, ni pregunto tanto, ni sostengo tanto. Y no sé si se fueron porque fui madre o si, en realidad, era yo quien sostenía vínculos que no eran tan profundos, ni tan mutuos, como creía.

Hay algo de tristeza en todo esto que cuesta nombrar. Una sensación de pérdida, como si, sin darme cuenta, algunas formas de relación se hubieran ido cayendo. Y a veces me pregunto si cada mensaje, cada felicitación, cada pequeño gesto, no era también una forma de protegerme, de no caer en ese lugar: el de la soledad. Y cuando ese lugar aparece, aparece también otra cosa: el miedo. Miedo a no saber por dónde empezar de nuevo, a necesitar a otras personas y no encontrarlas, a no sentirme vista, a no volver a sentirme así de acompañada. Porque hay vínculos que, cuando se rompen o se diluyen, dejan más que distancia, dejan desorientación, dejan la sensación de estar un poco perdida.

Y con ella, la incertidumbre de no saber muy bien cómo volver a construir algo que se sienta así. Y entonces vuelvo a la pregunta inicial: si la maternidad es solitaria o si lo que hace es dejarte a solas contigo misma, cada día, cada noche, en cada decisión, con tristeza a veces, con miedo otras, y con la sensación de estar aprendiendo, casi desde cero, a sostenerme en un lugar nuevo. Sin respuestas claras, sin certezas, sin nadie que pueda decirte, de verdad, cómo hacerlo.

Y de repente quizá lo más difícil no sea criar, sino  empezar a darte cuenta de todo lo demás.