Las madres también estamos en la lucha, aunque no siempre en las calles

Este año, , no iré a la manifestación del 8 de marzo. Decirlo en voz alta me produce una mezcla de culpa, cansancio y honestidad. Durante muchos años el 8M fue para mí un día de calle, de pancartas, de amigas, de gritos compartidos y de esa sensación tan potente de que cuando las mujeres nos juntamos pasa algo importante. Pero este año estoy cansada. He sido madre, no tengo red y la vida cotidiana pesa mucho más de lo que imaginaba antes de habitarla.

Este 8M seguramente estaré intentando conciliar lo inconciliable: trabajar, cuidar, sostener la casa, responder mensajes, recoger juguetes, intentar llegar como pueda a todo. Y aunque no esté en la manifestación, el feminismo atraviesa mi vida más que nunca. Porque si algo he aprendido en este tiempo es que la maternidad será feminista o no será. Y ahora mismo, en muchos sentidos, no lo es.

Muchas mujeres descubren esto incluso en la búsqueda de embarazo. Si por desgracia necesitas recurrir a la reproducción asistida, puedes encontrarte con procesos profundamente medicalizados, invasivos y poco respetuosos con tu cuerpo. Pruebas constantes, poca información, decisiones que a veces se toman sin demasiado espacio para la autonomía. La violencia obstétrica no empieza en el parto, muchas mujeres la conocen ya en ese camino previo.

Luego llega el embarazo, el parto y el posparto, y con ellos una estructura social que sigue dejando a las mujeres bastante solas. Las bajas son cortas, la conciliación es limitada y las redes de apoyo cada vez más pequeñas. Mientras tanto, la carga de los cuidados sigue recayendo en nosotras, no sólo el cuidado visible, sino también la carga mental y emocional: organizar, anticipar, recordar, sostener, pensar en todo lo que hace falta para que la vida funcione.

Desde la Terapia Feminista veo a muchas mujeres que llegan a mí pensando que el problema es que ellas no llegan a todo, que están demasiado cansadas, demasiado desbordadas o que algo en ellas está fallando. Pero cuando miramos de cerca aparece otra cosa: un sistema que sigue esperando que las mujeres sostengan demasiado.

Por eso, aunque este año quizá no esté en la manifestación, eso no significa que la lucha no esté presente. Porque el feminismo no sólo ocurre en las calles, también ocurre en las casas, en los hospitales, en los partos, en los pospartos y en todas esas horas invisibles donde las mujeres sostienen la vida.

Y mientras todo eso siga ocurriendo así, el 8 de marzo seguirá siendo un día de lucha.